Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2021: La Mujer en la Ciencia, una pieza importante para el desarrollo sostenible.

Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2021: La Mujer en la Ciencia, una pieza importante para el desarrollo sostenible.

Ana Justel, Socia WAS

La igualdad entre hombres y mujeres es una prioridad global de la UNESCO, y el apoyo a las jóvenes, su educación y su plena capacidad para hacer oír sus ideas son los principales motores del desarrollo y la paz. A pesar de que la ciencia y la igualdad de género son clave para el desarrollo sostenible, las mujeres siguen encontrando obstáculos en el campo de la ciencia y menos del 30% de investigadores científicos en el mundo son mujeres, y de ellas, solo 23 han ganado un Premio Nobel de Ciencia, números que quedan lejos de la igualdad.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra cada año el 11 de febrero, fue aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el fin de fomentar la presencia de la mujer en ámbito científico y, sobre todo, para lograr su reconocimiento por el importante papel que desempeñan en las comunidades de ciencia y tecnología.

En esta misma línea comenzamos 2021 con una ingeniosa campaña promovida por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) con el apoyo de la Oficina del Parlamento Europeo en España, que se ha dado a conocer como el 'Efecto Matilda'. La campaña comienza con una sencilla pregunta, '¿y si Einstein hubiera sido mujer?', a partir de ahí nos propone imaginar a través de tres cuentos ilustrados la vida de iconos mundiales como Albert Einstein, Alexander Fleming y Erwin Schrödinger en caso de ser mujeres. El nombre escogido no es en vano, hace referencia a Matilda Joslyn Gage, activista de los derechos de las mujeres y la primera en exponer este fenómeno que ningunea los logros de las científicas. Denominar 'Efecto Matilda' a esta tendencia fue idea de Margaret W. Rossiter, historiadora de la ciencia.

Ejemplos como estos siguen ocurriendo actualmente. En este mismo año, en los meses más duros de la pandemia, la información sobre lo que nos estaba pasando y el futuro que nos esperaba nos llegaba desde los medios de comunicación y las redes sociales, en casi todos los casos, con voces masculinas de médicos, científicos y economistas. Sin embargo, en los hospitales y los laboratorios, la mayoría de las personas que han trabajado en la primera línea de esta crisis han sido mujeres. Muchas, como la investigadora del CSIC Isabel Sola, están liderando la investigación más puntera sobre las vacunas en España, pero pocos ciudadanos las conocen.

Las mujeres ya estamos presentes en cualquier tipo de investigación, hasta en aquellas más extremas donde más nos ha costado más llegar. La primera vez que participé en una campaña antártica fue en el año 2003, y ni siquiera habían llegado a pasar 50 años desde que la primera mujer iniciara una actividad científica en el mismo continente, fue la geóloga soviética Maria Klenova en el año 1956. Solo desde entonces, la investigación antártica no es cosa de hombres. Las científicas polares hemos demostrado que nuestro lugar de trabajo está en cualquier espacio de la ciencia y del mundo. Pepita Castellví, rompió moldes y nos hace sentir orgullosos de que España haya tenido como primera jefa de una base científica en la Antártida a una mujer, algo que desgraciadamente todavía es un hecho insólito en el continente.

Cada vez hay más mujeres estudiando en la universidad, y cada vez la proporción es mayor en “ciencias”. Aunque no nos engañemos, soy estadística y siempre defiendo que los números no mienten, pero también sé qué la lectura directa de algunas cifras puede distorsionar y enmascarar algunas realidades. En este caso no nos dejan ver la polarización en la elección de los estudios universitarios. La mayoría de las mujeres se concentran en estudios relacionados con las Ciencias de la Salud, la Biología y la Educación, siendo mínima su presencia en estudios como las Ciencias de la Computación, la Física y, cada vez más, las Matemáticas. Si seguimos manteniendo esta tendencia seremos una sociedad cada vez más pobre intelectualmente. La naturaleza evoluciona con la diversidad y nosotros debemos aprender y seguir este modelo, necesitamos la implicación de los más jóvenes, con sus conocimientos y su visión nueva de las cosas para construir un mundo que cada vez sea mejor para todos. Y, por supuesto, no nos podemos permitir desperdiciar el talento para la ciencia que tenemos las mujeres, que es el mismo que el de los hombres. Necesitamos reforzar la educación de todas las personas, desde los niños, hasta los adultos, que entre otras cosas son padres de esos niños y su primer referente. Los espejos en los que se mira la infancia inevitablemente condicionan cómo ven su futuro. Tenemos que reforzar los referentes femeninos, mostrar que las mujeres no solo están trabajando en todas las disciplinas científicas, si no que también pueden dirigir equipos, liderar investigaciones y presentarlas a la sociedad a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Cualquier niña tiene que ser capaz de imaginar que en el futuro ella puede ser la protagonista de un gran descubrimiento científico y admirada socialmente por ello. Al mismo tiempo, cualquier niño debe ser capaz de verse en el futuro rodeado de mujeres en las mismas condiciones de igualdad con las que hoy conviven niños y niñas en las aulas.

 

Ana Justel, es Doctora y Profesora Titular de Estadística en la Universidad Autónoma de Madrid. Directora del proyecto de investigación MICROAIRPOLAR y I Premio Margarita Salas a la Trayectoria Científica

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