La Justicia Social como propósito para las empresas

La Justicia Social como propósito para las empresas

Begoña Gómez, Socia WAS

El pasado 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia. Así lo decidió la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015. ¿El objetivo? Lograr la igualdad. Impulsar el acceso de las mujeres y la participación de las niñas en la ciencia reconociendo que la pandemia nos ha demostrado la necesidad de más ciencia que nunca y de la transcendencia de la participación de las mujeres. ¿Es un capricho? No, sencillamente se trata de justicia social. Porque existe la necesidad de justicia social allá donde existe una desigualdad, allá donde existe una brecha que, como consecuencia de la crisis que estamos atravesando, podría ser aún más profunda. El aprendizaje no entiende de género. Ni la ciencia. Ni la sostenibilidad. Y es la evidencia y la experiencia la que sostiene este argumento.

Actualmente, y mientras atravesamos la emergencia sanitaria económica y social provocada por la COVID-19, el espacio de incertidumbre en el que estamos obligados a vivir nos motiva a pensar en los siguientes pasos del camino: analizar qué puede hacer una compañía con sus productos y servicios para abordar las urgencias globales de nuestro tiempo; para fortalecer una debilidad social que mejorará el entorno y cerrará brechas al mismo tiempo que cumple con sus objetivos corporativos.

Una de esas urgencias globales, como la necesidad de igualdad, lo es también el cambio climático, la sostenibilidad, el cuidado de nuestra biodiversidad. Pienso en el término ESG (Environmental, Social and Governance, por sus siglas en inglés). Es decir, en la generación de valor sostenible cuando el entorno se encuentra en plena transformación. Hablamos también del resultado de la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS). Y pienso en los ODS, porque realmente son una oportunidad para las empresas si los incorporan en su estrategia de negocio a medio y largo plazo. No solo conseguirán transformar sus organizaciones, modernizarlas o hacerlas más competitivas. No solo conseguirán adaptar sus negocios a la realidad y a la agenda internacional. Conseguirán un impacto en la sociedad más justo. Necesario.

Y cuando converge el impacto social de las compañías en sus modelos de negocio, hablamos de un proceso denominado Transformación Social Competitiva (TSC), un método que lleva a generar y obtener un triple impacto: el retorno social, el de rentabilidad y el de inversión.

Algunos ejemplos. Rosario Ortiz e Inés Vázquez empresaria fundadoras de Adalab una compañía que podría definirse con tres conceptos: formación - tecnología - empleo, que nace con el propósito de cerrar la brecha de género dentro del ámbito de la programación, con 400 mujeres formadas y con un 80% de ellas contratadas. Como empresa han sabido cruzar una debilidad social con su experiencia dando como resultado una compañía con una alta ventaja competitiva.

Arancha Yáñez fundó Feltwood, una startup española que ha desarrollado un método para producir materiales industriales ecológicos a partir de residuos y fibras, ambos vegetales. Son productos completamente biodegradables y reciclables. Productos que sustituyen al plástico, a la madera o a los conglomerados.

En palabras de Charles Handy, «una empresa tiene sentido si mejora la vida de las personas y no sólo piensa en obtener beneficios propios». En estos momentos, la humanidad se encuentra ante una de las etapas más apasionantes de su historia reciente, ante la verdadera oportunidad de realizar una auténtica transformación real, sostenible, eficiente. Y es una verdadera oportunidad que entraña una verdadera responsabilidad.

Sin duda alguna, es el tiempo de transformar: de transformar los modelos de negocio, de transformar las bases de nuestro modelo productivo, de transformar el empleo para crear más y mejores puestos de trabajo. Estamos ante la oportunidad de aumentar nuestras redes de apoyo; de impulsar el talento de las mujeres, que es el talento de más de la mitad de la población; de revolucionar nuestra información para generar más conocimiento compartido.  

No estamos aquí para que nos digan cómo va a ser el mundo. El sector privado, en colaboración con el tercer sector, estamos invitados a trabajar conjuntamente para que nuestras hijas y nuestros hijos vivan en un espacio justo socialmente. Para que tengan un entorno, un país, un planeta mejor que el que nosotras recibimos.

La sociedad está superando la mayor emergencia sanitaria de los últimos 100 años. Nos enfrentamos a una convivencia sobre los pilares de la incertidumbre donde los grandes desafíos globales están en juego. Nos enfrentamos a un gran reto donde todo está interconectado. Las empresas que acepten este desafío, que busquen generar valor a largo plazo, serán las protagonistas de la construcción de un mundo mejor, de un planeta con futuro y de un mundo más igual con una mayor justicia social.

Begoña Gómez es directora de la Cátedra de Transformación Social de la Universidad Complutense

 

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