Pasemos de impacto cero a regenerativo y positivo

Pasemos de impacto cero a regenerativo y positivo

Lucía Cecilia Mercado, Socia WAS

El concepto de sostenibilidad está avanzando a pasos agigantados, afortunadamente, en los últimos años. Creo que ha llegado el momento de progresar hacia otros conceptos que van mucho más allá, al igual que tiene que ir nuestro compromiso personal, y como sociedad, hacia nuestro entorno.

Dice el divulgador medioambiental Daniel Wahl que "la palabra sostenibilidad puede resultar inadecuada si nos preguntamos: ¿qué es lo que realmente debemos sostener?". Necesitamos avanzar hacia una cultura regenerativa, resiliente y adaptable, que sirva para crear un futuro próspero para el planeta y para la humanidad".

Eso es precisamente a lo que me estoy refiriendo. El escalón hacia el que debemos subir se llama “impacto positivo”, sin dejar de lado, está claro, el impacto cero.  Y aquí es donde surgen los conceptos de sostenibilidad regenerativa o desarrollo regenerativo y valoración del capital natural.

Actualmente, las empresas, y la sociedad en general, deben evolucionar desde la conversión de residuos en materia prima (que también), a generar impacto positivo o regenerativo. Es decir, crear materiales que ayuden a reducir el cambio climático, que sean biodegradables, que compensen nuestra acción humana, que mejoren el bienestar de las personas o que generen energía positiva y salud.

En ello, por ejemplo, trabajan investigadoras como Mercedes del Río, catedrática de la Escuela Técnica Superior de Edificación de la Universidad Politécnica de Madrid, que forma parte del proyecto europeo COST-Restore (Rethinking Sustenability Towards a Regenerative Economy), cuyo principal cometido principalmente es este, pasar de generar impacto cero a generar impacto positivo con materiales de construcción.

Daniel Wahl, que ha escrito, entre otros, el libro Diseñando culturas regenerativas (Ecohabitar), afirma que en la naturaleza no existe por ejemplo el concepto del residuo: todo se reaprovecha cerrando ciclos, es decir, economía circular. “El desarrollo "regenerativo" va aún más allá y pretende imitar los flujos enriquecedores de los sistemas vivos, con su capacidad para restaurar el daño y adaptarse a los cambios”, afirma.

Es preciso ya, reducir el deterioro de los recursos naturales y de los ecosistemas.

En este sentido, debemos ser conscientes, sobre todo las empresas que impactan con sus proyectos en el entorno, que existe el término capital natural, que consiste en un término ambiental que mide los recursos naturales de los ecosistemas y la biosfera (plantas, animales, minerales, aire, petróleo). A través de este, también se cuantifican intangibles como la capacidad de producción de oxígeno, la de depuración natural de agua, la prevención de la erosión, polinización, etc.

James Lovelock, es su libro Gaia, dice que la tierra actúa como un super organismo que se modifica en sí mismo para defenderse de las infecciones.

 “La naturaleza tiene esa capacidad prodigiosa de regenerarse, adaptarse y funcionar en un nuevo contexto. Nos corresponde encontrar nuestro propio lugar, junto al resto de los seres vivos, y dejarnos de creer que estamos por encima de la naturaleza o que la podemos controlar" (Wahl)

Aquí es donde debemos tomar un papel determinante como seres humanos que estamos en un planeta con una capacidad tal que no le hacemos falta para subsistir, sino más bien, podríamos ser considerados como una “infección”.

Y para paliar los efectos que produce esa infección en el “organismo planetario”, es necesario aplicar el concepto de medición y valoración del capital natural. Desde Sacyr, en este sentido, estamos haciendo un gran esfuerzo para que nuestros proyectos no sólo tengan el mínimo impacto, sino que éste sea positivo en el entorno y comunidades en las que se trabaja, a través precisamente de la aplicación de este concepto de medición de capital natural.

Dice el profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Salamanca (USAL), Fernando Rodríguez, que “El planeta tiene solución, otra cosa es que los humanos estemos en ella, sobre todo si continuamos con nuestros hábitos insostenibles”.

Aquí entra el concepto de Planetary boundaries, o límites del planeta. Ya hemos superado límites imprescindibles: la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la emisión de nitrógeno, que ya están en números rojos. Esto significa que el planeta tiene tiempo para regenerarse, aquí la teoría del profesor, pero nosotros puede que no. Nuestra calidad de vida empieza a resentirse, e indirectamente la esperanza de vida, que ya es menor ahora que hace algunos años, aunque no nos lo creamos.

En este panorama, ¿qué podemos hacer las empresas para revertir, o al menos, paliar esta situación? Medir el capital natural.

En 1997 se publica un artículo de Robert Constanza en Science y cambia el panorama. “El valor de los servicios ecosistémicos y el capital natural del mundo” se ha convertido en el artículo más citado en economía ambiental. Lo que dice es que en vez de valorar activos ambientales se valoren los servicios que nos da la naturaleza, en los que se incluyen también los servicios culturales e incluso los servicios de existencia (tener mayor bienestar por saber que existe la ballena azul o el oso panda y que no se han extinguido, por ejemplo).

¿Se puede poner valor a los servicios ecosistémicos? En 1997 se calculaba en 33 billones de dólares, y en otro estudio realizado en 2014 se ajustó a 150 billones al año.

Pero, ¿cuál es el valor real de la naturaleza? No lo sabemos y para las decisiones que tomamos en base a ello, no lo necesitamos. Nos vale con un escalón más bajo, nos vale con calcular un valor responsable. Es decir, podemos elegir la alternativa con menor impacto sobre el capital natural aunque tenga un mayor coste económico. Pero eso, ya depende de cada empresa y su estrategia de sostenibilidad. “Muchas deciden no sólo cumplir con los estándares legales, sino ir más allá, y elegir aportar más, y compensar su actuación”, según opina Rodríguez.

Aparte de elegir las alternativas más sostenibles, dentro de cada acción o proyecto, también se pueden compensar esas acciones que suponen un impacto económico sobre el capital natural, con acciones en otra zona, que compensen este impacto.

El problema y la solución están en nuestras manos.

 

Lucía Cecilia Mercado, trabaja en el departamento de Comunicación de SACYR y es socia WAS

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